Tristeza, rabia, miedo, alegríaLas emociones son una parte - TopicsExpress



          

Tristeza, rabia, miedo, alegríaLas emociones son una parte fundamental de la vida de todo ser humano: se esconden detrás de la mayoría de acciones que llenan nuestro día a día. Sin embargo, nadie nos enseña a identificar y canalizar de forma constructiva todo aquello que sentimos. Y no aprender a regular nuestras emociones puede generarnos importantes carencias, que se reflejan en la relación que mantenemos con nosotros mismos y con nuestro entorno. Asumir y asentar lo que sentimos pasa por aprender a definirlo con el lenguaje adecuado. Y precisamente con este objetivo nace la “Ecología Emocional“. Esta herramienta añade a nuestro vocabulario conceptos medioambientales aplicados al mundo de las emociones, como “contaminación emocional” -residuos emocionales mal gestionados que contaminan el medio en forma de conductas destructivas- o “reservas naturales” -espacios de intimidad reservados a nosotros mismos-. Así lo explica Maria Mercè Conangla (Manresa, 1959), co-creadora -junto con Jaume Soler- de la Ecología Emocional, experta psicóloga y prolífica escritora. Entre ambos han creado la Fundación Àmbit, Instituto pionero para el crecimiento personal en Barcelona. ¿Qué es la Ecología Emocional? Lo definimos como el arte de gestionar nuestras emociones. Nuestro objetivo es enseñar a canalizar la energía que nos aportan hacia tres niveles: la mejora de nosotros mismos, el aumento de la calidad de nuestras relaciones personales y el mayor cuidado de nuestro mundo. La Ecología Emocional apuesta por hacernos responsables de la persona que somos y del mundo en el que vivimos, que sufre el impacto global de nuestras emociones. ¿De qué depende la salud emocional? La salud emocional es el resultado de realizar una buena gestión emocional. Si intentamos vivir haciendo como si las emociones no existieran y no desciframos la información que nos están proporcionando, los efectos pueden ser desastrosos. En cambio, si optamos por escucharnos y realizar un buen trabajo de equipo entre nuestra mente racional y emocional, podremos prevenir situaciones desadaptativas como la insatisfacción o las conductas violentas. ¿Y cómo podemos gestionar mejor nuestros recursos emocionales? Las emociones son datos, información útil que nos ayuda a funcionar mejor y más adaptativamente en el medio en el que vivimos. Primero hay que aprender a reconocerlas y definirlas, y para eso es necesario estar conectados con nosotros mismos y contar con el lenguaje apropiado. El segundo paso es traducir lo que nos quieren decir, creando un espacio interno que nos permita dar cabida a cualquier emoción, sea cual sea. Es importante permitirnos sentir, eso sí, siendo conscientes de que no somos la emoción. De este modo, evitamos que ésta se manifieste de forma desbocada y agresiva. ¿Por qué tendemos a censurar nuestras emociones? Por el condicionamiento sociocultural, que asume que hay emociones “buenas” y “malas”. Buen ejemplo de ello es la ira, una emoción primaria que tiene la función de apartar los obstáculos que nos impiden conseguir aquello que queremos. Nos educan bajo la premisa de que la ira es mala, y por eso tendemos a reprimirla. Pero no desaparece, se transforma. Al cabo de un tiempo, la ira se convierte en rabia. Tras la rabia, aparece el rencor, que poco a poco va mutando en resentimiento, el primer paso para el odio. Así, pasamos de una emoción primaria a un sentimiento tóxico, dañino y destructivo a causa de nuestra incompetencia emocional. ¿Y cómo podemos canalizar la ira constructivamente? Si aprendemos a nombrar lo que nos pasa (ira) y analizamos por qué un obstáculo determinado nos genera esta emoción, seremos capaces de canalizar la carga negativa que nos aporta de una forma constructiva. Las alternativas son numerosas: respirar, hacer deporte, cantar, crear, escribireso sí, es fundamental expulsar la parte tensional de la emoción sin herir a nadie. Si no, estamos echando al ecosistema emocional una gran cantidad de residuos tóxicos (insultos, agresividad) que contribuyen al calentamiento global emocional. Y hoy en día, la contaminación emocional es más peligrosa que la medioambiental. ¿Cómo podemos reducir nuestra contaminación emocional? Tenemos que asumir la responsabilidad de autogestionar nuestras propias basuras emocionales y dedicar un rato cada día a nuestra higiene emocional. En nuestro día a día, lanzamos al medio ambiente gran cantidad de productos contaminantes (quejas, victimismo, lamentos, juicios, agresiones) que no procesamos correctamente. Son fruto de nuestra incompetencia para gestionar nuestras emociones caóticas (celos, envidia, miedo) Nuestra realidad es un reflejo de cómo vivimos y sentimos, por eso el mundo sufre tanto. Toda emoción tiene un impacto en el mundo exterior, y depende de cada uno de nosotros comprometerse a gestionarla de forma sostenible. Como decía Gandhi : “Si cada día nos arreglamos el pelo, ¿por qué no hacemos lo mismo con el corazón?” Tres preguntas en clave de coaching Ante una situación difícil qué eliges: ¿formar parte del problema o ser parte de la solución? ¿Qué tipo de emociones sientes con mayor frecuencia? ¿Qué te dicen de ti mismo, de cómo te relacionas con los demás y de cómo llevas tu proyecto de vida? En clave personal Tu mayor pasión: Aprender y compartir paisajes con las personas que amo Tu mayor virtud: Creatividad Un punto de mejora: la regulación del propio “tempo” y actividades Un aforismo que quieras compartir: Creo en mi porqué algún día seré todas las cosas que amo Una película: La vida de los otros Un libro: ‘La ecología emocional’ de J. Soler y M. Conangla, (RBA bolsillo)
Posted on: Sat, 27 Jul 2013 04:08:41 +0000

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